Cierran los cines Méliès en Barcelona, abre el cine Embajadores en Madrid

Me pasaba cuando iba a los cines Méliès que se sentía uno como de visita en casa de alguien. El cine se llamaba así, en plural. Era entrar a los Méliès y te encontrabas en la antesala previa a la taquilla con sus fotos de las estrellas del celuloide dispuestas igual que en el salón de alguna casa tenían los retratos de los abuelos muertos y los nietos vivos. En los cines Méliès no te daban la entrada en es papel térmico que ahora dicen que es cancerígeno, sino el sanísimo billetito clásico de cine de toda la vida, parecido a los del metro y autobús de los años 80. En los Méliès se sentían los recuerdos de celuloide como los de un hogar en esos retratos de fotografía.

Los cines Méliès de Barcelona cierran, lo que hasta parece coherente con los tiempos actuales. Y sin embargo, contra la coherencia de los tiempos abre en Madrid el cine Embajadores, con un espíritu parecido de cine de barrio y versión original. Los Méliès no han cerrado por el Procés, obvio, y sí por la crisis del Covid y el abandono del inmueble por parte de la propiedad. Pero ahí queda la anécdota de un cine muriendo en Barcelona, mientras otro abre sus puertas en Madrid.

No son solo las salas de cine y teatro las que cierran en Barcelona. La sensación de decadencia tras una década de desgobierno en Catalunya es transversal al ámbito político, social, económico, empresarial, cultural y ciudadano. Miles de empresas se marcharon en 2017 y está aún por ver que a alguien en la Generalitat parezca que esto le preocupa. La vitalidad de Barcelona está comprometida y el papel de Catalunya en España ya no es el de motor económico y el faro político que fue antes. Hace años en España cualquier político progresista quería ser como Cataluña. Hoy nadie en su sano juicio querría para su territorio lo de Cataluña. Ni siquiera los nacionalistas de otras comunidades quieren saber nada de los que gobiernan la Generalitat.

Incapaz de liderar hoy nada en España, Cataluña no lidera ya ni el problema territorial. Cada vez más se acusa a Madrid de romper los equilibrios políticos, demográficos y fiscales. El Madrid que quiere competir con Londres y Paris en atracción de capitales acaba compitiendo también con Valladolid, Ciudad Real y Ourense. Muchos territorios en España sienten que tienen que competir con plantillas de segunda contra un equipo de Champions. De ahí viene el nacimiento de grupos como Teruel Existe y otros que vendrán; además del crecimiento de partidos como el BNG. Tienen poco en común Compromís, el partido cántabro de Revilla o el BNG, salvo que ninguno quiere saber nada del Procés. Es el nuevo conflicto territorial en España, que lo es pese a Cataluña.

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