Cinturón rojo, morado, naranja, rojo

Es sugerente la lectura catalana que Francesc Marc-Álvaro hace de las elecciones gallegas y vascas. Entre los datos que plantea está la posibilidad de que los Comuns emulen el fracaso electoral de sus homólogos en Euskadi, y el más estrepitoso de Galicia.

La primera diferencia que salta a la vista es que los Comuns ya se dieron el trompazo. No pueden bajar los 16 puntos de Galicia, porque nunca los tuvieron. Los puntos que ha perdido Elkarrekin Podemos son los mismos que sacaron los Comuns en las últimas elecciones. El trompazo ya fue en las últimas elecciones al Parlament y se trasladó también a las elecciones municipales donde solo se salvaron las alcaldías tradicionales de ICV. El liderazgo de Colau sobrevivió por la carambola de Valls. Del partido que ganó dos veces las elecciones generales en Catalunya quedó más bien poco.

Que ya se hayan dado ya el trompazo no quita que puedan continuar bajando. En Galicia la barrera electoral es del 5%. En Catalunya es del 3%, aunque ese porcentaje solo asegura representación con dos o tres escaños en la provincia de Barcelona. Ese es el suelo de los Comuns, un espacio verde heredado de ICV que les garantiza como mínimo la representación parlamentaria. El objetivo será repetir los 8 diputados para poder acompañar a ERC en el próximo Govern. Dice Marc-Álvaro que un gran trompazo podría estropear los hipotéticos planes de gobernabilidad que contaban con los Comuns.

El Partido Socialista ha sido incapaz de atraer a los electores que Iglesias perdía en Galicia y Euskadi. Está claro que ser socios de coalición impide al PSOE ser más agresivo en la competencia electoral con UP. Pero es evidente también que al PSOE le cuesta conectar con una España joven -y no tan joven- que ha roto mentalmente con el marco institucional de la monarquía parlamentaria y para la que Pedro Sánchez se queda muy corto en su intención de limitar el aforamiento del rey emérito. Si a este ánimo republicano le sumamos un problema territorial en España cuyo problema más que Cataluña es un Madrid global que ha roto los equilibrios demográficos y económicos del país entendemos que los votantes de Podemos hayan pasado a formaciones de izquierda ligadas a la defensa del territorio.

También acaba Marc-Álvaro señalando que el PSC no tiene nada que ver con sus homólogos vascos y gallegos. Echemos la vista atrás, casi al inicio de los tiempos. Barcelona, 21 de diciembre de 2014. Pablo Iglesias realizaba su primer acto en Barcelona después de la irrupción de Podemos en las elecciones europeas. Miles de personas llenaron el pabellón de la Vall d’Hebron y otras miles se quedaron fuera. Los medios coincidieron en el retrato del perfil de los asistentes, eran los hijos de los votantes socialistas del cinturón rojo. Y también los padres de esos chicos. La crónica de elDiario.es decía que “afianzar un cinturón morado sobre las cenizas del tradicional granero de voto socialista es el primer peldaño para conquistar el Gobierno”. Estuve en la organización de aquel acto y era justo eso lo que queríamos. “No me veréis dándome un abrazo con Rajoy ni con Mas”, dijo Iglesias aquel día.

Poco tardó Iglesias en pedir perdón. Y el PSC emergió de aquellas sus cenizas. En las últimas elecciones generales segundos, a un punto de ERC. En las europeas, también segundos, detrás de Puigdemont. En las elecciones municipales, repiten segundo lugar a un punto y medio y ganando, con muchas mayorías absolutas, prácticamente todos aquellos municipios del cinturón que En Comú Podem pintó unas generales de morado (y Ciutadans de naranja en unas autonómicas).

Hasta ahora parecía que el electorado catalán estaba dividido en dos bloques estancos. Seguramente nunca fue exactamente así, y creo que cada vez lo puede ser menos. Lo que fue el electorado de los Comuns es un espacio poroso entre bloques. La mala gestión de la pandemia del Govern, y en concreto de los consellers de ERC, frente a una imagen solvente de Illa que demuestra que el PSC tiene en el banquillo a políticos desconocidos para el público general con capacidad de asumir el mando de la Generalitat en la reconstrucción del país tras la crisis del Covid y del Procés podría dar juego a una competencia más allá de la de JxC y ERC, la competición por un mismo electorado entre ERC y PSC. Ahí, en una porosidad entre ERC y PSC es donde los Comuns acaban de perder todo su sentido.

¿Nuevo confederalismo? Creo que no

Sobre las recientes elecciones en Galicia y Euskadi se puede escribir desde diferentes prismas y claves. Vamos a centrarnos aquí en los movimientos que la inexorable desaparición electoral de Podemos está produciendo. Pasaré rápido de largo de las causas del declive electoral de Podemos. El análisis ya está hecho y nada ha cambiado. La realidad es tozuda y la presencia en el gobierno es solo un maquillaje a las profundas crisis que sufre Podemos. No vale la pena detenerse mucho. Primero, porque es como hablar con un muro. Ya han dejado claro, como en el chiste, que el gato es suyo y se lo f#lla cuando quiere. Segundo, porque seguramente ha pasado ya la oportunidad y hoy Podemos tiene poco presente y menos futuro. La duda es el suelo. Íñigo Errejón lo situaba en los resultados de IU (entre el 6 y el 9 por ciento). También podrían ser los de la desaparecida izquierda italiana (por debajo del 2 por ciento). Pronto lo sabremos. En cualquier caso, negros augurios.

La cuestión es ya cómo se reconfigurará el mapa político durante y tras la desaparición de Podemos. Es en esta clave desde donde vamos a mirar los resultados electorales gallegos y vascos. El derrumbe electoral de Podemos apenas ha sido aprovechado por el PSOE y sí por el BNG y EH Bildu. España tiene un problema territorial más allá del Procés, y seguramente tiene más que ver con Madrid que con Cataluña. El Madrid hipertrofiado fruto del modelo neoliberal del PP ha roto los equilibrios sociales, económicos y políticos del país. Frente a ese gigantesco Madrid que vacía de población y atrae todas las inversiones se levanta una defensa del territorio que tiene más que ver con recuperar ese equilibro roto por una competencia desleal del Madrid global de los negocios que con el mero nacionalismo. No podríamos entender de otra manera la irrupción de Teruel Existe, una fuerza imposible de situar en un eje nacionalista. El último Congreso de los Diputados marcaba también el mayor número de diputados de partidos de ámbitos autonómicos o provinciales. España tiene un problema territorial y se expresa políticamente.

La siguiente clave sería si se puede articular políticamente esa amalgama heterogénea de grupos que son expresión de la crisis territorial. No perdamos de vista que aunque la mayoría las podríamos situar entre la izquierda y el centroizquierda ni sus territorios ni su posición nacional son comparables. ¿Podría llegar a articularse una confederación de grupos territoriales con una propuesta constituyente para España? Esta es la propuesta que dejaba caer Errejón en un tuit y que no es nueva en nuestro país. Desde Euskadiko Ezkerra y Rafael Ribó a los últimos años de Gaspar Llamazares -por cierto, con Juan Carlos Monedero como gurú- la cuestión de una confederación ibérica de las izquierdas ha planeado varías veces, siempre con escaso éxito.

Al inicio de la legislatura varios grupos nacionalistas hicieron un amago de articulación. Tenemos que saber que estos partidos siempre tienen sus caras más confederales en Madrid y sus posiciones más nacionalistas en su casa. Así ha sido en ERC con Joan Tardà y el nuevo Gabriel Rufián, como en Bildu con Oskar Matute y su celebrado discurso en la sesión de investidura. Sin embargo, esos partidos en sus territorios están más escorados hacia el nacionalismo y el independentismo que sus representantes en el Congreso.

Es por eso que creo que los que esperen una articulación confederal de BNG, Bildu y ERC con Teruel Existe, CHA, Compromís, Más Madrid, Adelante Andalucía, etc pueden esperar sentados. El proyecto de los nacionalistas no es refundar España, sino separarse. La plurinacionalidad de España sería la derrota de los independentistas y nunca será su objetivo. El independentismo crece por la frustración del cambio en España y la acumulación de agravios. Una ventana de oportunidad constituyente para España debilita siempre a los grupos independentistas. El cierre de la oportunidad les refuerza. Esta es la ecuación. No hay dos Españas. Hay tres. La del statu quo del reino de España, la otra España plurinacional, federal y republicana y la que niega cualquier proyecto común.

El federalismo es la cooperación en un proyecto común. El confederalismo es un arreglo imposible entre elementos que no suman.

No se oye pedir la República

Son las horas más duras para la monarquía desde que Juan Carlos sucedió al dictador Francisco Franco en 1975. La estrategia de Felipe VI para salvar la institución ya está anunciada. Encapsular y expeler. Sin embargo, lo que pudo funcionar con Iñaki Urdangarín es impracticable con Juan Carlos I. A los cuñados te los encuentran en la calle, pero a un padre no. Además, Juan Carlos y Felipe son inseparables. Felipe VI es rey por ser hijo de Juan Carlos I. Punto. Lo heredó, y las herencias a veces llevan cargas. Inseparables.

¿Está la monarquía herida de muerte en España? Son las horas más duras para la monarquía. Pero también son horas duras para millones de españoles, entre una nueva normalidad más nueva que normal y un virus que no nos abandona. Las clases se suspendieron hace meses y no sabemos cómo reabrirán las aulas en septiembre. Los protagonistas de las últimas movilizaciones republicanas han sido los universitarios, promoviendo consultas y referéndums en facultades y barrios. Hoy los universitarios están entre sus casas y unas extrañas vacaciones, como casi todo el mundo. La República no llegará sola y no se oye (aún) pedir la República con voz fuerte.

Las fuerzas políticas hoy no están tan claramente definidas sobre esta cuestión como pudiera parecer. La voz más rotunda en apoyo al rey y la monarquía es la de la extrema derecha de Vox. Monárquicos y sin valores republicanos en el PP, y formalmente monárquicos, pero con valores republicanos, y con muchas tricolores en las casas de sus militantes, en el PSOE. Los netamente republicanos serían los componentes de Unidas Podemos y todos los grupos nacionalistas a izquierda y derecha, a excepción de los catalanes que podrían haber roto ya con el proyecto republicano español para abrazar la catalana.

La cuestión política está abierta y el papel de los partidos podría cambiar. Pero, claro, solo si un amplio clamor social moviera los cimientos del país. En nuestra historia, la democracia nunca ha sido una graciosa concesión de dioses, Reyes o tribunos. Solo la movilización popular ha ampliado el régimen de libertad, igualdad, fraternidad, y hoy también, sostenibilidas para poder vivir mejor.

La canallesca y los árbitros. Los lamentos de Podemos.

El epílogo de la Liga ha traído polémica. Polémica arbitral. Polémica de VAR. Los errores arbitrales han favorecido al Real Madrid y le ponen cuesta abajo el título de Liga. Sin embargo, mal haría el Barça en quejarse de los árbitros. ¿Ganará el Madrid gracias a los árbitros? Sin duda. ¿Perderá el Barça esta Liga por culpa de los árbitros? Para nada.

El Barça ha perdido por sus errores. Errores de una directiva donde se ha expulsado o han dimitido la mayoría de sus miembros. Errores del técnico, incapaz de gestionar una plantilla complicada. Y también errores de unos jugadores caprichosos y aburguesados que ni han respetado al entrenador, porque preferían a un amigo suyo, ni han respetado a los compañeros nuevos, porque preferían que se fichara a otro amigo suyo. El Barça ha perdido los puntos de ventaja y seguramente también la Liga en el terreno de juego, jugando mal y sin ganas. Punto. Sin excusas.

Cambio de tercio. Del fútbol a la política. Podemos.

Podemos llegó dando una importante lección a una izquierda a la que llamó “pitufos gruñones”. Una izquierda pequeña y que no cesaba de quejarse e inventar excusas para su irrelevancia política en España. Menos quejas, decía Podemos. Hay que aprender a jugar con las reglas del enemigo, y ganarles. Poco queda de esa ambición. Ni en el Barça ni en Podemos.

Dice Pablo Iglesias que hay una campaña mediática para apartar a Unidas Podemos del Gobierno. Puede estar tranquilo Iglesias. Ninguna campaña mediática le apartará del Gobierno. Del embrollo del caso Dina no es a los periodistas a quienes tiene que temer. Si el relato del vicepresidente segundo es cierto, y las cloacas robaron el móvil de Dina Bousselham, extrajeron información y la publicaron en la bazofia de OK Diario después, quiénes deben tener miedo son Inda y Villarejo.

Incluso si el relato contiene alguna media verdad o falsedad, tampoco será de los periodistas de donde le lleguen los problemas a Iglesias. De las declaraciones de Bousselham es difícil sacar algo en claro, pues ha declarado una cosa y la contraria. Al menos sí sabemos ya que en el primer relato de Iglesias en sede judicial faltaron algunos elementos importantes. Está judicializado y realmente es un buen embrollo. Mejor no meterse demasiado en este asunto. Pero Iglesias puede estar tranquilo con la prensa. Sus problemas para continuar en el Gobierno sólo llegarían si le imputan -actualmente la condición de investigado- y ningún periodista le puede imputar. Solo el juez de la Audiencia Nacional y los del Tribunal Supremo podrían poner en problemas reales a Pablo Iglesias, y eso no va a suceder si Iglesias ha dicho la verdad.

Pero, además, ni siquiera una situación judicial complicada para Pablo Iglesias debería servir como excusa para sacar a Unidas Podemos del Gobierno. Si Iglesias, en el peor de los casos y Dios no lo quiera, acabara imputado, y fuera la aplicación del Código Ético de Podemos o la decisión de Pedro Sánchez quienes le apartaran del Gobierno, ello no debería tampoco afectar a los otros ministros y ministras de UP. Castells, Montero, Garzón y Díaz podrían continuar en el Consejo de Ministros, anclando al Gobierno en su acuerdo de coalición. Incluso Yolanda Díaz podría ser elevada a nueva vicepresidenta segunda.

Divide y vencerás. O no.

Divide et impera es una máxima que han conocido todos los grandes generales de la historia. La división ha llegado tanto a la CUP con la salida de Poble Lliure y el Front Republicà como al espacio de JxC con la formación del PNC de Pascal y sobretodo con la ruptura de Puigdemont, varios consellers del Govern y los presos con el PDeCAT para formar un nuevo partido. En principio son buenas noticias para ERC en la particular batalla de los de Junqueras para superar a los de Puigdemont dentro del bloque independentista y conseguir ser el partido más votado en las elecciones al Parlament que se supone que se celebrarán este otoño.

Los problemas se han acelerado en las filas posconvergentes ante la proximidad de la convocatoria de elecciones. Las divergencias en JxC entre el alma más clásica representada por la dirección del PDECAT y el alma más nacionalpopulista se han saldado con la salida de Puigdemont y los suyos del partido para volver a intentar formar otro nuevo. Puigdemont se lleva el capital político que supone su liderazgo entre un importante sector del votante independentista, así como el apoyo de Torra, los presos y casi todos los consellers de su formación. Pero en el PDECAT se quedan con la marca JxC y los espacios electorales. Es difícil calcular el desgaste electoral que supondrá esto, pero por mínimo que sea, en ERC ven más seguro que nunca poder confirmar los pronósticos de las encuestas y ganar a sus rivales dentro del independentismo y al mismo tiempo ser el partido más votado de Catalunya, algo que ya consiguió en las generales.


Sin embargo, estos cálculos aritméticos y electorales podrían fallar. Las divisiones dentro del independentismo no solo arañarán votos al nuevo partido de Puigdemont. También dan una imagen de fin de ciclo político. El Procés no solo no puede ofrecer ninguna victoria a los suyos, sino que muestra evidentes síntomas de agotamiento y descomposición. La situación política en Catalunya se ha destensionado y la crisis del Covid-19 trae otras preocupaciones a la ciudadanía de Catalunya. La fragmentación de la CUP y JxC es uno de los efectos de la derrota del independentismo y es difícil que el fracaso de un proyecto que ha monopolizado la política catalana durante casi una década no vaya a castigar también a uno de sus principales impulsores: la ERC de Junqueras.


Viendo las últimas encuestas parece difícil que no sea ERC el partido más votado, y ser el partido más votado parece también que será algo fundamental para articular unas difíciles mayorías parlamentarias en un Parlament de Catalunya tradicionalmente muy fragmentado. Pero ERC no lo tiene todo aún ganado. Fue el partido más votado en las últimas generales, pero seguidos muy de cerca por el PSC. Una sensación de derrota del independentismo podría perjudicar electoralmente a todos los partidos independentistas en favor de propuestas de reconstrucción social, económica y cívica de Catalunya. Conviene no perder de vista al PSC, que podría beneficiarse del mal momento electoral tanto de Ciutadans como de Podemos y Comuns, y rentabilizar también que Salvador Illa es el ministro mejor valorado en últimos estudios de opinión lo que reforzaría la imagen de este partido como partido de gestión.