Catalunya será la Generalitat o no será

El Procés fue una cursa de astucias contra el reloj, pero nadie ha vuelto a conseguir sacar mejores conejos de la chistera que Artur Mas. Hoy que de la chistera quedan solo los jirones, y el pobre conejo sufre la mixomatosis, los trucos del mago Puigdemont y su asistente Torra recuerdan a aquel Calvero de la película Candilejas de Chaplin.

A Puigdemont le está costando que su nuevo partido salga bien. Ni La Crida ni el nuevo Junts sin el PDECAT han acabado de funcionar como esperaba. Juntsdemont va por detrás de ERC en las encuestas y ha decidido que necesita más tiempo. Todo debía estar preparado para este mes en el que la inhabilitación de Torra daría paso a la convocatoria de nuevas elecciones autonómicas.

Como Juntsdemont necesita más tiempo para ver si ERC se abrasa con la nefasta gestión de la crisis del Covid de sus consellers, andan mirando qué se inventan para ganar algunos meses. Ahí están, elucubrando la enésima degradación institucional, con la concurrencia de la ERC y la CUP. Son incapaces de decirle a Torra que no, que no le inhabilitan por defender el derecho a la libertad de expresión, sino porque hizo trampas durante la campaña electoral, porque la fachada de la Generalitat no es ningún emplazamiento legítimo de propaganda electoral a favor de una opción ideológica. Dicen buscar una salida desobediente y honrosa para las instituciones. Pero lo único que consiguen es erosionar aún más la institucionalidad del autogobierno y la propia existencia de Catalunya.

La propuesta de Juntsdemont, con el visto bueno de ERC, es descabezar la Generalitat dejándola sin Presidencia. Desguazar la institución, como si las naciones democráticas pudieran existir sin la institucionalidad. El pensamiento romántico noucentista de la nación preexistente a la institución es propio del nacionalismo, y es común que todos los nacionalistas crean que su nación es anterior incluso a la palabra para nombrarla. Sin embargo, la realidad es que a los catalanes no nos une ni un pasado común -en Catalunya es muy improbable encontrar a alguien con cuatro apellidos catalanes fuera del Parlament o de TV3-, ni una única lengua -mal que les pese a los activistas del Koiné-, ni ninguna religión -mal que le pese a Torras i Bages-. A los catalanes nos une la voluntad civil de serlo. Erosionando la institucionalidad de autogobierno (la Generalitat) el nacionalismo disuelve la Cataluña que hemos construido juntos, la única que a día de hoy existe.

What the hell es una república solidaria y plurinacional?

No sé a quién se le pudo ocurrir la extravagante idea de que facilitar a Juan Carlos la salida al extranjero y su permanencia en paradero desconocido iba a sacar los focos sobre Felipe VI. Hay quien parece que le hable a un niño consentido. Hay que evitar el berrinche, ale, ale, qué transparente y ejemplar todo. ¿En qué país se ha instalado Juan Carlos? Todo transparente. ¿Quién va a pagar su estancia? Ejemplaridad. ¿Y la seguridad a cuenta de quién corre? Más transparencia si cabe.

La monarquía es una institución ejemplar y transparente. El actual rey no tiene nada que ver con su padre, porque todo el mundo sabe que accedió al cargo tras ganarse la plaza en las oposiciones del amor de su pueblo. Ale, ale, no llores mi niño. ¿Quieres ser rey pese a que nadie te quiera? Puedes serlo. No te enfades. Si ya sabes que no podemos evitarlo. Haz lo que te dé la gana. Bueno, poder evitarlo sí podríamos, pero nos corta esa amenaza constante de los tuyos a romper la baraja. Nos da miedo que te dé un berrinche. Un régimen constitucional puede sobrevivir con un apoyo menguante, ya lo estamos viendo; pero uno nuevo no puede sustituirlo sin un gran apoyo. Punto a favor del statu quo. Al rey no le importa ser rey de solo una parte de los españoles mientras continúe siendo rey. Apuntado.

Ya lo ha dejado claro Pablo Iglesias. “Tarde o temprano los jóvenes en nuestro país impulsarán una república en España”. Ay, si esto le hubiera pillado más joven, pero claro, ahora con hijos e hipoteca ya no se puede echar uno la manta a la cabeza. Para eso están los jóvenes. Si no son los de mañana, pues ya serán los de la tarde. Además, como la Generación Covid lo lleva claro para consolidar un proyecto estable de vida, esos van a tener toda la vida para liarla parda. Qué suerte.

Eso sí, que no falte la publicidad. República solidaria y plurinacional. Da igual que sea la primera vez que los españoles oyen eso de la república solidaria. ¿Qué es? Da lo mismo, suena bien. En España tenía tradición lo de “república democrática de trabajadores de toda clase”, pero debe sonar antiguo, muy largo, poco efectivo. Mejor algo nuevo. Total que para lo que va a durar. En otoño llega alguna nueva campaña.

Cierran los cines Méliès en Barcelona, abre el cine Embajadores en Madrid

Me pasaba cuando iba a los cines Méliès que se sentía uno como de visita en casa de alguien. El cine se llamaba así, en plural. Era entrar a los Méliès y te encontrabas en la antesala previa a la taquilla con sus fotos de las estrellas del celuloide dispuestas igual que en el salón de alguna casa tenían los retratos de los abuelos muertos y los nietos vivos. En los cines Méliès no te daban la entrada en es papel térmico que ahora dicen que es cancerígeno, sino el sanísimo billetito clásico de cine de toda la vida, parecido a los del metro y autobús de los años 80. En los Méliès se sentían los recuerdos de celuloide como los de un hogar en esos retratos de fotografía.

Los cines Méliès de Barcelona cierran, lo que hasta parece coherente con los tiempos actuales. Y sin embargo, contra la coherencia de los tiempos abre en Madrid el cine Embajadores, con un espíritu parecido de cine de barrio y versión original. Los Méliès no han cerrado por el Procés, obvio, y sí por la crisis del Covid y el abandono del inmueble por parte de la propiedad. Pero ahí queda la anécdota de un cine muriendo en Barcelona, mientras otro abre sus puertas en Madrid.

No son solo las salas de cine y teatro las que cierran en Barcelona. La sensación de decadencia tras una década de desgobierno en Catalunya es transversal al ámbito político, social, económico, empresarial, cultural y ciudadano. Miles de empresas se marcharon en 2017 y está aún por ver que a alguien en la Generalitat parezca que esto le preocupa. La vitalidad de Barcelona está comprometida y el papel de Catalunya en España ya no es el de motor económico y el faro político que fue antes. Hace años en España cualquier político progresista quería ser como Cataluña. Hoy nadie en su sano juicio querría para su territorio lo de Cataluña. Ni siquiera los nacionalistas de otras comunidades quieren saber nada de los que gobiernan la Generalitat.

Incapaz de liderar hoy nada en España, Cataluña no lidera ya ni el problema territorial. Cada vez más se acusa a Madrid de romper los equilibrios políticos, demográficos y fiscales. El Madrid que quiere competir con Londres y Paris en atracción de capitales acaba compitiendo también con Valladolid, Ciudad Real y Ourense. Muchos territorios en España sienten que tienen que competir con plantillas de segunda contra un equipo de Champions. De ahí viene el nacimiento de grupos como Teruel Existe y otros que vendrán; además del crecimiento de partidos como el BNG. Tienen poco en común Compromís, el partido cántabro de Revilla o el BNG, salvo que ninguno quiere saber nada del Procés. Es el nuevo conflicto territorial en España, que lo es pese a Cataluña.

Los marcianos

La crisis del covid vuelve a ocupar las primeras noticias. El primer cuarto de hora del Telenotícies es para seguir la evolución de la pandemia en cada provincia, comarca y área urbana, la cifra de contagios diarios, las plantas de hospitales que se dedican al covid, las nuevas medidas de distanciamiento social recomendadas por las autoridades, la limitación de aforos y el cierre de determinados espacios; pero también las consecuencias económicas con testimonios de comerciantes, dueños de bares o trabajadores de hoteles o discotecas que dan cuenta de la agonía con la que viven hoy muchos autónomos y asalariados la situación y la incertidumbre de qué va a pasar con sus vidas. También ocupa su espacio la respuesta desde la UE y el estado a esta gravísima situación. Con el fondo europeo de reconstrucción, el debate sobre los superávits de los ayuntamientos o los ERTE termina el largo bloque informativo de la pandemia y la crisis.

Tras ver esta información, a mí me pasa que las siguientes noticias me parecen auténticas marcianadas. De la preocupación compartida por prácticamente toda la sociedad pasamos, casi sin transición, a Pere Aragonès hablando de un nuevo referéndum, una entrevista a Junqueras donde reta a todos los que le critican a “chuparse” tres años en la cárcel o a sostenerle la mirada como si estuviera en un western rodado en Almería, un vídeo de Puigdemont guardado durante dos años donde da cuenta de una ucronía propia de Philip K. Dick, o al debate del refundación de Junts en un formato audiovisual más blanco que la sala de espera del cielo de Sant Pere, armado intelectualmente por Jordi Sànchez y liderado políticamente por Puigdemont.

Blanco purgatorio

Marcianos y sus marcianadas. Mientras el país colapsa, aquí vivían mejor cuando las competencias no eran suyas, instalados en la cómoda crítica a España. Ahora con las competencias aflora su marcianidas. Ellos están a otra cosa. A intentar volver a vender a su parroquia la enésima utopía de cartón piedra. Todo en los Governs de JxC y ERC es atrezzo, menos las empresas que se fueron, la crisis sanitaria en Lleida y Barcelona que se extiende a toda Catalunya; y las consecuencias económicas de llegar tarde y tener que volver a restringir aforos o cerrar gimnasios, restaurantes, salas y discotecas, hoteles y otros negocios. Como siempre con los actores del Procés todo es de mentira, excepto las consecuencias.

Necesitamos un Govern normal

Si yo tuviera que dar un consejo a Miquel Iceta -o si lo hubiera, cualquier otro candidato de un partido con intención de ser alternativa a ERC y JxC- tendría claro, al menos el lema de la campaña electoral: Necessitem un Govern normal. Si en Catalunya la gente normal aún es mayoría tiene la victoria asegurada. La alternativa a este desastre solo puede ser un Govern normal. Un Govern que se preocupe cuando miles de empresas deciden irse de Catalunya, un Govern que no aproveche una pandemia para hacer propaganda, en definitiva, un Govern que no desdeñe la gestión, porque su reino no sea de este mundo, o su república no sea de este estado.

Han bastado semanas con todas las competencias de sanidad y salud pública en manos de la Generalitat para que se derrumbara todo el discurso nacionalista del lamento y el supremacismo. El Govern de JxC y ERC ni lo hubiera hecho mejor ni tampoco lo hubiera hecho antes. No nos mataba ni España ni Madrid, si no un virus del que todos los países occidentales relativizaron su peligro. Seguramente nuestra soberbia de primer mundo occidental nos hizo pensar que los países asiáticos tenían peores sistemas sanitarios que el nuestro, y podríamos soportar sin problemas al virus. Las autoridades sanitarias recomendaron únicamente lavarse las manos. No hace falta recordar lo que fueron aquellos negros meses de marzo, abril y mayo en los que perdimos a miles de personas sin que sus familiares pudieran acompañarles ni despedirles, abandonamos a decenas de miles de nuestros mayores en residencias a las que llegaban los militares para descubrir decenas de cuerpos, nuestra economía colapsó y millones de trabajadores autónomos y los de la economía sumergida cayeron en una crisis que nos advierten que será larga.

Sin embargo, parecía que habíamos aprendido la lección. Mascarilla, distancia e higiene de manos son medidas correctas, pero la responsabilidad individual no puede sostener el control de la epidemia. Hace falta reforzar la atención primaria, poder hacer pruebas PCR a todos los posibles contagios en 24 horas y una red de rastreadores para localizar, testear y aislar al máxima los posibles contactos contagiados. En Alemania se recomienda reforzar el sistema de salud pública con 5 rastreadores para cada 20.000 habitantes. En Catalunya necesitaríamos unos 1.900. Parece que en teníamos solo 120.

Seguramente no sea todo culpa de la Generalitat. Habrá que revisar el sistema nacional de salud y el de salud pública, también desde el prisma de que un sistema federal es tan antónimo de un sistema centralizado como de un reino de taifas. Lo federal implica descentralización para acercar la administración al territorio y al ciudadano, pero también requiere homologabilidad y cooperación común.

Sin embargo, nadie aquí duda de que la gestión de la Generalitat ha sido un completo desastre. Los partidos del Govern llevan 10 años a otra cosa distinta a la de gobernar. Cuando les ha llegado la oportunidad de demostrar que son mejores, que gestionan mejor, que son más europeos, más eficaces, más científicos, el edificio tarda poco en derrumbarse. Saldrán con alguna excusa, que si Madrid, que si el expolio fiscal o que si el perro se les ha comido los deberes. Excusas que cada vez convencen menos, porque la gente normal, al final, es mayoría.